El Departamento de Justicia revocó las citaciones judiciales emitidas a los reporteros, afirmando que los documentos tenían como único fin verificar el pulso de los periodistas bajo presión.
No se requirió ningún testimonio adicional ahora que el miedo había sido administrado con éxito.
«Necesitábamos saber que todavía podían sudar», dijo el Subprocurador General Adjunto Randall Preece. «Caso cerrado».



